agua ludongokwe

Nombre de proyecto Generica Kelewan, Transplante riñón
Lugar Lodungokwe, Kenia
Nombre ONG Local
Padres de Yarumal, Padre Jairo Alberto Franco
Ámbito Salud
Descripción

Generica Kelewan tiene 10 años y lleva 4 meses ingresada en el Kenyata Hospital de Nairobi. En días alternativos le hacen la diálisis además de un tratamiento de esteroides para tratar su dolencia renal que acabará requiriendo un trasplante de riñón. Su madre duerme en el suelo de la sala de pediatría junto a otras madres que acompañan sin descanso a sus hijos. Nosotros hemos llegado aquí a petición del Padre Jairo y el Hermano José con quienes colaboramos en la escuela de Ludongwoke. Ellos han estado cubriendo hasta el momento el tratamiento pero los fondos se acaban. Nos explican que nunca habían visto llorar a un hombre samburu, pero Tarcisio Lengewa, el padre, desesperado, alguna vez ha propuesto que la niña vuelva a casa a morir por la imposibilidad de pagar los 3.000€ del trasplante. Es cierto que hay muchos niños que necesitan ayuda en muchas partes del mundo y que cada uno de nosotros, que nuestra pequeña ONG África Digna, no podría atender todas las peticiones y salvar tantas vidas. La diferencia es que hemos conocido a Kelewan, que tiene rostro, que se ha entusiasmado con un llavero que le ha regalado Mercedes, que con toda certeza morirá sin el trasplante, que está en nuestra mano contribuir en su tratamiento. Quizás algunos digan que es como querer vaciar el mar con vasos de agua, que cada vaso es insignificante… en las estadísticas de salud del mundo o de África este caso es inapreciable. Hay mucho por hacer, muchos casos individuales, muchas cosas por mejorar,… pero toda ayuda cuenta, cada gesto que hacemos sigue sumando.

Año 2012
Inversión total
6.000€
Inversión pendiente
-
Con la ayuda de
logo roviralta

Destino de los fondos

Escrito por Africa Digna.

El dinero donado para la intervención de Kelewan servirá para que sus hermanos puedan acceder a una educación digna.

Se nos murió Kelewan

Escrito por Africa Digna.

Le propuse a Amanda - vamos al hospital Kenyata, será breve, unos diez minutos sólo. Era que Tarsicio, uno de los nuestros de Lodungokwe, había llevado allí a su hija Kelewan, y los quería visitar y dar fuerza. No quería pasar mucho tiempo allá y se trataba sólo de un saludo.

Nunca habíamos entrado al Kenyata. La mole de pisos de cemento sucio y gris parecía aplastarnos al llegar; muchas gentes que iban y venían con sus enfermos, pacientes que hacían filas en los cajeros, masas de anónimos mendigando atención, servidores de la salud que arrastraban camillas con dolientes, médicos apurados con estetoscopios colgados del cuello, elevadores apretados de personas, aire viciado de dolor, raciones de comidas y desinfectantes, cadáveres encerrados en cajas rodantes de metal y llevados para ser olvidados en el frío, frío benévolo para poner a raya la corrupción natural. La muerte dominaba los espacios y se respiraba en el aire.

Sabíamos que Kelewan estaba en el tercer piso. Subimos prefiriendo la escalera a los elevadores. Empezó la visita de diez minutos y se volvió de nueve meses… Leah, la madre de Kelewan, estaba allí cuidándola, junto a su cama, y sin saber inglés ni swahili, no entendía bien lo que pasaba. Desde más de un mes su hija estaba en el hospital pero no habían empezado ningún tratamiento. Leah mostró una carpeta llena de papeles, fórmulas médicas y notas de cosas necesarias para el tratamiento. Comprendí, después de averiguar, que el seguro social de Tarsicio, el que tienen los trabajadores normales de Kenia, cubría sólo la cama, nada más. Comprendí que la niña sufría de deficiencia renal y estaba necesitando diálisis y que había que comprar lo necesario para que se las hicieran y las medicinas y que de lo contrario moriría. Y no teníamos la plata para pagarle esas cosas… pero había que sacarla de donde fuera porque la vida estaba en juego.

Nos fuimos a la farmacia del hospital, ordenamos todo y de allí nos mandaron a pagar antes de retirar el pedido para la diálisis. Filas grandes para todo. Después de pagar volvimos a la farmacia y allí nos salieron con la noticia de que lo ya pagado no estaba en todo el hospital y que lo sentían mucho. Tampoco nos devolvían el dinero. Perdimos mucho tiempo en todas las oficinas a las que nos remitían y entendimos que si queríamos hacer algo por Kelewan teníamos que olvidarnos de la suma pagada, sacar otra vez de donde no había e ir a otro hospital para buscar las medicinas y los instrumentos para las diálisis. Entonces teníamos ya rabia y frustración, pero ganaba el deseo de ayudar a Kelewan.

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