Blog Africa Digna

Le propuse a Amanda - vamos al hospital Kenyata, ser谩 breve, unos diez minutos s贸lo.聽 Era que Tarsicio, uno de los nuestros de Lodungokwe, hab铆a llevado all铆 a su hija Kelewan, y los quer铆a visitar y dar fuerza.聽 No quer铆a pasar mucho tiempo all谩 y se trataba s贸lo de un saludo.

Nunca 聽hab铆amos entrado al Kenyata.聽 La mole de pisos de cemento sucio y gris parec铆a aplastarnos al llegar; muchas gentes que iban y ven铆an con sus enfermos, pacientes que hac铆an filas en los cajeros, masas de an贸nimos mendigando atenci贸n, servidores de la salud que arrastraban camillas con dolientes, m茅dicos apurados con estetoscopios colgados del cuello, elevadores apretados de personas, aire viciado de dolor, raciones de comidas y desinfectantes, cad谩veres encerrados en cajas rodantes de metal y llevados para ser olvidados en el fr铆o, fr铆o ben茅volo para poner a raya la corrupci贸n natural.聽 La muerte dominaba los espacios y se respiraba en el aire.

Sab铆amos que Kelewan estaba en el tercer piso.聽 Subimos prefiriendo la escalera a los elevadores.聽 Empez贸 la visita de diez minutos y se volvi贸 de nueve meses鈥 Leah, la madre de Kelewan, estaba all铆 cuid谩ndola, junto a su cama, y sin saber ingl茅s ni swahili, no entend铆a bien lo que pasaba.聽 Desde m谩s de un mes su hija estaba en el hospital pero no hab铆an empezado ning煤n tratamiento.聽 Leah mostr贸 una carpeta llena de papeles, f贸rmulas m茅dicas y notas de cosas necesarias para el tratamiento.聽 Comprend铆, despu茅s de averiguar, que el seguro social de Tarsicio, el que tienen los trabajadores normales de Kenia, cubr铆a s贸lo la cama, nada m谩s.聽 Comprend铆 que la ni帽a sufr铆a de deficiencia renal y estaba necesitando di谩lisis y que hab铆a que comprar lo necesario para que se las hicieran y las medicinas y que de lo contrario morir铆a.聽 Y no ten铆amos la plata para pagarle esas cosas鈥 pero hab铆a que sacarla 聽de donde fuera porque la vida estaba en juego.

Nos fuimos a la farmacia del hospital, ordenamos todo y de all铆 nos mandaron a pagar antes de retirar el pedido para la di谩lisis. Filas grandes para todo.聽 Despu茅s de pagar volvimos a la farmacia y all铆 nos salieron con la noticia de que lo ya pagado no estaba en todo el hospital y que lo sent铆an mucho. Tampoco nos devolv铆an el dinero.聽 Perdimos mucho tiempo en todas las oficinas a las que nos remit铆an y entendimos que si quer铆amos hacer algo por Kelewan ten铆amos que olvidarnos de la suma pagada, sacar otra vez de donde no hab铆a e ir a otro hospital para buscar las medicinas y los instrumentos para las di谩lisis.聽 Entonces ten铆amos ya rabia y frustraci贸n, pero ganaba el deseo de ayudar a Kelewan.

Nos dijeron que pod铆amos conseguir todo en el Hospital Nairobi y nos聽 apresuramos para all谩.聽 S贸lo cruzar unas calles para encontrarnos el contraste.聽 Un ambiente acogedor, limpio, calmado, mucha dignidad.聽 Era el hospital de los que pueden pagar, de los que tienen seguros.聽 Corredores espaciados, 谩rboles de buena sombra, poltronas y asientos para la espera en los cajeros y en las consultas, oficinas de informaci贸n, pacientes llamados por su nombre, habitaciones confortables;聽 la muerte tambi茅n estaba all铆, pero en sus l铆mites, en su sitio, en su momento.聽 驴Por qu茅?聽 Ven铆an las preguntas.聽 驴Por qu茅 no dignidad para todos? 驴Por qu茅 no salud y calidad para todos?聽 驴Por qu茅 dos hospitales tan cercanos y tan distantes a la vez?

Se empezaron las di谩lisis.聽 Dos a la semana.聽 El salario de un mes del trabajo de Tarsicio no era suficiente para pagar una sola di谩lisis.聽 Los de la unidad renal quer铆an saber si nos聽 compromet铆amos a seguirlas propiciando comprando cada vez lo requerido.聽 Sin saber de d贸nde dijimos que s铆, que claro, que la vida es lo primero, que ya Dios se ocupar铆a.聽 Y Dios tom贸 el caso.聽 Llegaron los amigos de 脕frica, los que tienen coraz贸n dilatado para amar y trabajar. En los primeros meses tuvimos a 脕frica Directo de Madrid que nos dio una donaci贸n para los enfermos de la misi贸n; luego Active Africa de Barcelona que nos renov贸 esos fondos cuando se fueron acabando y con los que todav铆a hoy auxiliamos a otros enfermos de la tierra samburu;聽 finalmente, 脕frica Digna y la Fundaci贸n Roviralta, tambi茅n de Barcelona, se pusieron a disposici贸n para pagar las di谩lisis, el trasplante requerido y el tratamiento postoperatorio. 聽Gente as铆 como la de estas organizaciones, llenas de ternura y calor humano, nos hacen sentir que otro mundo es posible, un mundo de oportunidades para todos, un mundo sin dos hospitales y s铆 con muchos abiertos para todos, sin discriminaciones, un mundo en que la salud no sea un lujo de unos cuantos sino un derecho reconocido a todos.

Y Kelewan empez贸 a sonre铆r.聽 Olga Luc铆a lleg贸 voluntaria y se puso al frente de la situaci贸n.聽 Siempre lista, ocup谩ndose de las cosas grandes y peque帽as, y gan谩ndose la ternura de la ni帽a.聽 Las di谩lisis mon贸tonas encend铆an la esperanza y empezamos a hablar del trasplante.聽 En cada di谩lisis la vida se le entregaba a la tecnolog铆a m茅dica para que la prolongara.聽 El m茅dico propuso hacer ex谩menes para ver si la Leah, la madre, pod铆a donarle un ri帽贸n.聽 Le expliqu茅 a ella esta posibilidad y no dud贸 un momento.聽 Amor de 聽madre, amor hasta las 煤ltimas consecuencias. Me dijo: - kaicho ntito ai larakuji lai abaki tanaa kaeye nanu, incluso si muero le doy mi ri帽贸n, que por su hija dar铆a todo, hasta la vida. Por este tiempo Tarsicio hab铆a venido para acompa帽ar a su esposa y a su hija, y el tambi茅n se ofreci贸 a dar su ri帽贸n en caso de que el de su esposa no fuera compatible con el de Kelewan.

Y la paz de Kelewan hundi贸 la esperanza en todos nosotros. En un hospital, con tantos enfermos, hab铆a que fatigar para que nuestra paciente tuviera atenci贸n.聽 Ten铆amos que aceptar con paciencia que Kelewan no era la 煤nica enferma y que hab铆a muchos m谩s casos y todav铆a m谩s desesperados.聽 Muchas veces Kelewan ten铆a que compartir su cama con otros ni帽os enfermos, eran hasta tres en cada lecho; por unos d铆as pusieron a su lado un paciente con tuberculosis.聽 Las madres que acompa帽aban a sus peque帽os, tambi茅n la de Kelewan, ten铆an que dormir en el suelo, al lado de las camas.聽 En esas situaciones, inusuales para nosotros, brillaba la solidaridad y tambi茅n, lo digo sorprendido, la alegr铆a, la sonrisa.聽聽 Casi todas mam谩s pobres, alg煤n pap谩 tambi茅n, venidos de lejos a la capital buscando salud para sus hijos, sin nadie a quien acudir, y ellos se volv铆an familia unos para otros.聽 All铆, en medio de tanto dolor, hab铆a tanta humanidad, tanta comuni贸n.聽 Durante el tiempo de Kelewan, murieron unos trece ni帽os, hospitalizados en el mismo recinto.聽 Sufrir juntos crea intimidad, el dolor amarra con lazos invisibles a los que lo comparten, en las penas nadie es un extra帽o.

Y la vida abundante y buena empez贸 a hacer promesas en los ojos puros de Kelewan.聽 Y nosotros felices, y Leah y Tarsicio agradeciendo a todos los que aseguraban esta promesa. Y el pap谩 repet铆a -Keyiolo Nkai, meilura Nkai, Dios lo sabe, Dios no duerme.聽 Y se fue creando una familia en torno a Kelewan, tanta gente orando, aqu铆 en Kenia, en Colombia, en Espa帽a, en Italia鈥 Rezar, porque no es la tierra la que carga nuestro peso, rezar porque estamos colgados del cielo.聽 Rezar porque no bastan los afanes y la lucidez, porque todo es gracia y regalo.聽 Mientras que Leah se pegaba de Dios al lado de las otras mam谩s, Tarsicio encontr贸 un hogar que lo acog铆a en la casa de formaci贸n de los misioneros de Yarumal aqu铆 en Nairobi.

Y en las l谩grimas de Kelewan chispeaban tambi茅n ilusiones.聽 Leah empez贸 a hacerse ex谩menes y se comprob贸 que pod铆a ser la donante.聽 Ella feliz de volver a 鈥渁lumbrar鈥 a su hija. Leah, callada y pac铆fica, esperanzada y llena de pensamientos.聽 Tarsicio, de la tierra samburu, se volvi贸 hombre de ciudad, se conoci贸 la geograf铆a de las farmacias, de las oficinas complicadas del seguro social, de los vericuetos de esta Nairobi llena de gente sin la paz de los desiertos, sin la leche de las cabras, sin el fuego encendido en las noches oscuras.聽 Ya el trasplante ven铆a, s贸lo unas semanas y unos m茅dicos de Espa帽a traer铆an la soluci贸n final.

Y Kelewan se ve铆a con m谩s futuro que pasado.聽 Nos llamaron del hospital para aconsejarnos sobre el trasplante, sus riesgos y cuidados.聽 Y la trabajadora social nos habl贸 m谩s de cuentas que de eso.聽 Listas de gastos.聽 鈥 We want to know if you can afford all this, queremos saber si pueden pagar todo.聽 Claro que s铆, le dec铆amos, pero nosotros no sab铆amos si pod铆amos o no.聽 No sab铆amos pero cre铆amos.聽 Cre铆amos porque cuando Dios quiere Dios financia o manda quien financie.聽 Y 聽Dios mand贸 a 脕frica Digna, y despu茅s otros amigos se pusieron a la orden.聽 Esa se帽ora segu铆a hablando de plata y nos ve铆a la cara de pobres, la 煤nica que tenemos, y nos segu铆a preguntando sobre nuestras posibilidades.聽 Nosotros somos escasos pero Dios nos cuida.聽 Y entonces le pregunt茅 por los muchos otros que no tienen voz para pedir, que no pueden pagar鈥 y ella me respondi贸 con la misma frialdad de las cajas de metal que el hospital usa para los cad谩veres 鈥 They die, se mueren.聽 Esa respuesta helada nos puso a todos en la morgue.聽 Nos sentimos en una nevera desafecta, con s铆ntomas de hipotermia cortamos ese di谩logo y salimos a ver si nos calentaba el sol del mediod铆a.

Y Leah llenaba de alegr铆a los o铆dos de聽 Kelewan y le dec铆a, - Kongor wiki nabo ake! 隆Falta s贸lo una semana!聽 Una semana y todo habr谩 acabado y otra vez a la casa, a la escuela, a cantar en medio de los vacas y las cabras.聽 Y a nosotros esa semana se nos hac铆a larga.聽 En esas explot贸 una bomba.聽 Y la embajada espa帽ola que no sab铆a nada de Kelewan, nada de Leah, nada de Tarsicio鈥 nada de nada鈥 y tampoco estaba obligada a saber, recomend贸 a los suyos, y ah铆 estaban los cirujanos que sab铆an todo sobre ri帽ones, no venir porque hab铆a peligro, porque era arriesgado.聽聽 A veces no pensamos que para dar vida y cuidar la vida hay que arriesgar, que no nos hubieran parido si alguien no se hubiera arriesgado.聽 Si queremos luchar por la vida hay que cabalgar en la muerte.聽 La resignaci贸n ocup贸 los espacios, hasta diciembre, y despu茅s hasta enero, y despu茅s que no, que en febrero.聽 All谩 a paso lento y esperando la seguridad y aqu铆 a las carreras 聽para llegar antes que la muerte.

Y Kelewan goz贸 la navidad y el 2012 quer铆a pegarse a sus once a帽os y presagiaba todav铆a muchos m谩s.聽 Tiempos de fiesta.聽 Y tambi茅n tiempos de olvido.聽聽 La di谩lisis tardaba y muchas disculpas para no practicarla. Que despu茅s la llamamos, que tranquilo que no hay problema, que sabemos muy bien lo que hacemos, que no se ofusque, que sepa esperar.聽 Y Tarsicio insist铆a porque no lo gustaba lo que ve铆a en su peque帽a.聽 Y Leah, sin swahili sin ingl茅s, callaba y cre铆a y rezaba.聽 Y se hizo tarde, la muerte lleg贸 disfrazada de a帽o nuevo.聽 La noticia lleg贸 a la remota tierra samburu y desde all谩 llamamos al m茅dico y a las personas encargadas a preguntar qu茅 hab铆a pasado.聽 Ellos no sab铆an, lo supieron por nosotros. Estaban en descanso, hab铆an cambiado de trabajo, lo sent铆an todos.聽 驴Qui茅n nos devolviera a Kelewan, su sonrisa, su paz, su esperanza, su ilusi贸n? Otra vez la muerte, y esta vez s铆 que nos dej贸 vac铆os.聽 Se col贸 por聽 la negligencia y se apoder贸 de la lucha por la vida, de la esperanza que ya casi se colmaba. Hay cosas que no podemos entender.聽 Dios entiende. 鈥 Siai le Nkai, el trabajo de Dios, dijeron los amigos de Tarsicio cuando lo supieron desde lejos.

De Kelewan quer铆a recordar su vida y me propuse no verla muerta.聽 Tres d铆as pasamos en el hospital tratando de pagar la cuenta para que nos entregaran su cuerpo.聽 脥bamos de oficina en oficina.聽 El seguro trataba de demostrar que Tarsicio no hab铆a contribuido, los empleados de una oficina hac铆an errores de c谩lculos y los de la otra nos rechazaban esos mismos documentos.聽聽 Cuando finalmente pudimos pagar, fui con Olga Luc铆a a reclamar el cuerpo y me toc贸 ofrecerme para reconocerla.聽 Era un requisito obligatorio, alguno lo ten铆a que hacer.聽 Ten铆a miedo de entrar, miedo de聽 no reconocerla, de no distinguir sus facciones, de dudar si era ella.聽 As铆 fue que entr茅 al dep贸sito de cad谩veres.聽 El olor y el fr铆o de la muerte.聽 Ten铆a miedo, pero se me quit贸 cuando la vi. Ah铆 estaba ella, dormida, serena, llena de paz, como un lucero perdi茅ndose a nuestros ojos y despuntando en el oriente de la eternidad.聽 La enterramos al caer el sol, con cantos y gracias, su madre sin consuelo agarrada a la fe, su padre fuerte macilento de dolor.聽 La enterramos con la misma fe del agricultor que sabe que vendr谩 el fruto de su semilla.聽 La enterramos pidiendo la fuerza para seguir cuidando la vida, especialmente la vida de los pobres y d茅biles.

Ikiata iyioo ache. Estamos llenos de gracias.

Jairo Alberto, mxy

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navidad_2011_esp

Blog Mercedes Barcel贸

noconozcokenia

Esta es la frase que me dijo Marta, una de las personas que viaj贸 en este tercer grupo de amigos. Me emocionaron sus palabras.

Viajo a menudo a Kenia, pero ir con gente que la pisa por primera vez o que visita nuestros proyectos, es como si empezara de nuevo, como si me hicieran sentir lo que sent铆 yo la primera vez que conoc铆 este maravilloso pa铆s.

Disfrutaron de los proyectos, se involucraron en los mismos, pudieron conocer a los beneficiarios, llegar a sitios d贸nde jam谩s llega el turismo. Y a pesar de que antes de salir de Barcelona me llamaron de Kenia asust谩ndome y dici茅ndome que las carreteras estaban intransitables debido a las lluvias torrenciales 聽que estaban cayendo en el pa铆s, una persona del grupo mostr贸 un gran optimismo, en todo momento聽 el estaba convencido de que al llegar nosotros llevar铆amos el sol. Yo no lo ve铆a tan claro y s贸lo pensaba en los desplazamientos en coche. Pero fue as铆. All铆 d贸nde lleg谩bamos hab铆a estado lloviendo dos meses seguidos y al llegar nosotros sal铆a el Sol.

El viaje estuvo cargado de aventuras, an茅cdotas, risas, sustos y empat铆a con los kenianos que a pesar de sufrir grandes carencias nos recibieron con los brazos abiertos como siempre hacen.

Blog Mercedes Barcel贸

bajo_acacia

El 1 de diciembre vuelvo a Kenia con un grupo de amigos interesados en conocer los proyectos de 脕frica Digna. Las noticias que nos llegan de all铆 son algo mejores que las de este verano. Ha llovido鈥 aunque de manera torrencial provocando inundaciones, siempre es mejor eso a la terrible sequ铆a que desde hace a帽os sufre Kenia y otros muchos pa铆ses del continente africano.

Los beneficiarios de 脕frica Digna nos est谩n esperando para darnos la bienvenida de esa manera c谩lida a la que nos tienen habituados,聽 y es que para los kenianos no existen las prisas, para ellos el conversar, el saludar, el dar la bienvenida a cualquier persona de fuera, es algo que forma parte de su d铆a a d铆a. Volveremos a sentarnos bajo la acacia, volveremos a conversar horas y horas, volveremos a o铆r sus cantos y admirar sus bailes, su colorido, su sonrisa y volveremos a disfrutar de esos atardeceres 煤nicos de 脕frica.

El grupo est谩 emocionado y a la vez nervioso. Miles de dudas de todo tipo les asaltan y el gusanillo de la aventura les confirma de que el viaje que van a realizar ser谩 煤nico, no se puede encontrar en ninguna agencia, va a ser un viaje especial e inolvidable.

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